Hacer el ridículo

miércoles, 21 de diciembre de 2011


Ya van tres veces que me encuentro al mismo chico llegando a la clase de alemán. La primera vez se dio con la rama de un árbol en toda la geta. La segunda, se tropezó con un bordillo. Ayer, la tercera, se comió a una señora por mirar a otro lado. Ayer ya no pude contenerme claro, tuve que reírme en su cara. El caso es que el chico este siempre va sonriendo y parece totalmente ajeno a sus evidente descoordinación. Y eso me ha hecho pensar en lo importante que es para nosotros lo que piensan los demás de nosotros.
En su caso, yo y la mayoría de la gente miraríamos a todos los lados primero, para ver si alguien nos ha visto caer, y luego ya nos preocuparíamos por nuestras piernas o caderas rotas. Pero él no, el no mira a ningún lado, parece como si ni siquiera contemplara la opción de que alguien se fuera a parar a juzgarle como yo estoy haciendo en este momento.
Y esto me viene al pelo para contaros que, ayer por la tarde, iba yo caminando por la calle cuando me acordé de una canción sueca y me puse a cantarla. Debido a que no hablo sueco, todo lo que puedo emitir en este idioma son  preciosos soniditos guturales. Pensaba que no venía nadie así que dí el do de pecho. Cuando me dí cuenta, había un hombre detrás de mí, y detrás de él, otras tres personas, y en lugar de callarme, para darle normalidad a la cosa y que viera esa gente que no me avergonzaba por cantar en la calle, decidí seguir cantando, y si me apuras, creo que subí un poco el volumen, lo que hizo que no sólo evidenciar que canto peor que Mila Ximénez con placas en la garganta, sino que soy tonto. Así que, por pensar que estaba haciendo el ridículo, la reacción fue hacerlo un poco más.
Ahora os pregunto, ¿qué opináis? Si no os apetece hablar de esto, podéis hablarme del parecido que tiene el hijo de Kim Jong Il con el Golosina, que no es baladí. 
Os dejo el making of de la canción, de Veronica Maggio, que de sueca tiene lo que yo de senegalés. La canción se llama “Jeg kommer” y el álbum  “Satan i Gatan”, que debe ser algo como “Satán a gatas” (mira, de esto tengo yo más parecido, sobretodo al salir de las discotecas) o “Saltan las gatas”. Sin más.  Ya os digo que no domino el sueco. 




4 comentarios:

fernando dijo...

jajajajaajajajaaaj qué estupendo!!! Pues oye, con la cabeza muy alta, que hacerse el sueco está muy demodé. Besos.

Tavi García dijo...

Pues en general siempre he pasado bastante de lo q piensen los demás de mi (en general), lo cual supongo q me ha hecho parecer un poco peculiar en determinados momentos. Pero, por ejemplo, la semana pasada tuve q ir disfrazado de colibrí en un centro comercial (no preguntes) y me tapé la cara hasta el borde de no poder respirar jajaja así q he descubierto q sí q me importa q los demás se rían de mi, pero sobre todo cuando creo q yo me reiría de mi mismo... Por cierto, q yo tb estoy estudiando alemán!

Ana Pepinillo dijo...

Pues yo creo que cuando quieras quedamos y nos marcamos un dúo. Cuando miramos a los demás para saber qué piensan de nosotros es esos días que no tenemos muy claro que pensar nosotros mismos de nosotros. ¿lo has entendido?no? pues te jodes que yo sí, y hoy lo importante es lo que piense yo de mi misma :D jajajajja es coña

besetes

Javier García-Villaraco dijo...

Ay Fernando... me faltaba esa vuelta de tuerca de "hacerse el sueco". MEC!!!
Tavi, yo creo que si no se nos ve la cara, yo por lo menos, puedo ir vestido de Madonna o de Carmen Sevilla, me daría igual.
Ana, quedamos para caernos juntos o cómo? No obstante, te has exolicado muy bien y estoy de acuerdo.

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