La civilización efímera

miércoles, 20 de abril de 2011

Choque planetario. Villaraco 2011 ©


Hace dieciocho días, el Gran Señor de Mo’ohk, murió de viejo y su hijo mayor, Ïashur, ocupó el trono de Mo’ohk con una ceremonia en el Templo de Nutsa, como mandan las escrituras. Se convertía así en el Señor número 11618º de la historia reciente de ese diminuto planeta, situado en el Cúmulo de Virgo. El Gran Señor difunto, Erkam, que así se llamaba en realidad, había pasado sin pena ni gloria en su reinado. No había fundado grandes poblaciones, no había descubierto ningún elemento nuevo, no había conseguido paliar la sequía que asolaba a la población ni nada. La gente no sabía su nombre. Tampoco, como ningún otro, había conseguido anunciar avances lo que realmente preocupaba mohktasíes: prolongar su vida, ya que los mohktasíes no vivían más de quince años. Era una civilización efímera de manera natural y su corta vida la compensaban con un crecimiento poderoso y acelerado en el primer año, lo que les permitía alcanzar la vida adulta a la edad de dos años.

Durante siglos nadie se había preocupado de hacer nada más que beber, guerrear, matar y quemar su tierra por diversión. Eran muy pocos los que se habían preocupado de estudiar cómo funcionaba ese pequeño mundo en el que vivían. Esto cambió hace dos siglos cuando el científico mohktasí Al’habem, que había estudiado el cielo de Mo’ohk durante toda su vida observó, justo antes de morir, que la piedra que flotaba allá en lo alto, sobre sus cabezas, era cada vez más y más grande. Su primera hipótesis fue que la piedra se expandía, pero después de millones de cálculos, concluyó que el cuerpo lo que hacía era acercarse. Al’habem predijo que la piedra colisionaría con su planeta dentro de 200 años, y la fuerza sería tal que todo quedaría reducido a partículas más pequeñas que el polvo, se desintegraría.

Paradójicamente, la noticia del fin del mundo no hizo que los mohktasíes aceleraran su ritmo de destrucción, como era previsible, sino que el interés por prolongar su vida y la manera de evitar ese colapso se extendieron y reinó la paz. Hoy, 174 años después del anuncio de Al’habem, los mohktasíes han conseguido extender su vida en más de veinte años, con el correspondiente aumento de sus capacidades físicas. Este paso evolutivo ha hecho que conozcan por primera vez lazos afectivos entre ellos y que desarrollen la conciencia. Esta misma mañana, Ïashur, diecisiete días después de ocupar su trono, ha anunciado desde el mismo templo en el que se coronaron sus ancestros, que la gran piedra colisionará en unas horas con su planeta. Es tarde para Mo’ohk. 


4 comentarios:

Nash TV dijo...

No hay nada como conocer el fin para ponerse las pilas en hacer lo correcto.

Buena historia ;)

Nash Spears

fernando dijo...

Me gustan tus atmósferas y me gusta tu escritura inteligente. Tienes mucho qué y lo haces de puta madre, nene. Enhorabuena de nuevo, no dejas de sorprenderme.

Javier García-Villaraco dijo...

:) Gracias chicos... No obstante, es la entrada menos popular de todas... Habrá que hablar de cuando en cuando de pollas.

fernando dijo...

No por menos popular es menos buena. No hagas caso de eso, y te lo digo de bloguera a bloguera, tía!

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