Ojalá hablara alemán, pero de momento no he encontrado el
tiempo para aprender. Chapurreo un poco y me desenvuelvo en la vida diaria,
pero si alguien me habla en alemán de algo que no he previsto mi cara puede ser
un verdadero cuadro.
Hoy he cruzado unas palabras muy ridículas en alemán con la
cajera. He pillado tres bolsas para meter la compra y ella ha me ha preguntado
si quería las 3 o sólo una. La respuesta no era ni uno ni lo otro porque yo
quería 2 /zwei/. Yo he dicho dos y ella una. Entonces yo he dicho “dos bolsas”
y ella se ha mosqueado y me ha soltado una retahíla en alemán que no he sabido
descifrar. Yo, que soy cabezón, he acabado por decirle “ja, genau!” (eso es)
porque soy capaz de repetir todos los números del Alemán que me sé antes de
decir “Englisch bitte”. Estas cosas hacen que a veces me sienta un ser deleznable,
pero soy paciente.
A decir verdad, las cajeras son más pacientes que yo. Una
vez me vi preguntando por “maricones de la basura” /müll tunten/ en lugar de
por “bolsas de la basura” /müll tuten/ y después varios forcejeos sonoros la
buena mujer me llevó a las bolsas y me dijo “TÜTE”. Me pareció todo un detalle
que no acabara la conversación llamándome MARICÓN, aunque lo hubiera entendido.