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Infinito igual a cero

martes, 13 de mayo de 2014




Había calculado cuántos hijos tendrían (2), cuántas mañanas se levantaría a su lado (14.321), cuántas veces tendría que pedir perdón (254), cuántas veces harían el amor (1.434),  cuántas veces se dirían te quiero (17.954), las probabilidades que existían de que le pusiera los cuernos (16%), cuántos kilómetros recorrerían en sus viajes (359.035), cuántas películas verían juntos (756) … y así un sin fin de cálculos. Aunque sabía que no era correcto, pensaba que su amor tendía a infinito ♥ →. Ahora que se había quedado solo había perdido la cuenta de todas esas cosas. Se sentía inútil. Solo tenía un cálculo ridículo que no le servía de nada y el cual se negaba a aceptar. 
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Este hombre está mirando la grieta en la pared.

domingo, 28 de agosto de 2011



Este hombre está mirando una grieta en la pared. Cada día, después de tomar el café de la mañana y un trozo de pan, se planta delante de la grieta. Y observa. No siempre se sienta en el mismo lado; cambia de sitio según le da, y no importa si repite sitio dos veces o una semana. Parece que cuando se harta de un sitio, cambia. Cuando acaba, recoge lo poco que haya podido traer consigo – un paquete de tabaco, una Coca Cola, su cartera- y se va. Sin más. Esto puede ser una hora o doce horas después. Eso tampoco importa. Duerme lo que tenga que dormir y vuelve. Seguramente coma, pero yo nunca le he visto hacerlo.

A veces paso cerca de él o hago algo de ruido a propósito, intentando distraerle. Pero él nada, permanece impasible frente a la abertura en la pared. Me he dado cuenta que, a medida que pasa el tiempo, él ha provocado en mí la misma curiosidad que la grieta en él. Él se sienta y mira y yo me siento y le miro.

A veces siento reunir las fuerzas necesarias para perturbarle y preguntarle por esa fascinación que tiene pero, después de incorporarme levemente y apretar la mandíbula, vuelvo a sentarme. Creo que no quiero saber. Durante todo este tiempo he elucubrado bastante y temo que el señor me diga algo inútil y desarme mis románticas teorías. El mundo es mejor tal y como yo lo imagino. 

Lo único que quería

lunes, 9 de mayo de 2011


Villaraco © 2011. Nikon D3000, Instagram filter.


¿Sin más?, le preguntó él la primera vez. Sí, sólo eso, contestó ella, tanto o más asombrada que él. ELLA era de estas personas que le molesta terriblemente que no se entiendan las cosas más básicas del mundo. Lo que ella decía no era un disparate; cosas peores se habrán visto, se decía a menudo.

ÉL propuso un trato: Si eso es lo único que quieres, podemos quedar todos los días, a esta hora, en este mismo punto.  Ella accedió. Él no trabajaba muy lejos de allí y además no dormía mucho. Quitarse un rato de sueño por este motivo vale la pena, pensó. En realidad, él nunca había soñado nada, al menos dormido. No sabía como eran los sueños.

Hoy es la decimosexta cita. Dieciséis, repite ELLA mentalmente sentada en el banco. A los dieciséis besé a un chico por primera vez, dieciséis es cuatro al cuadrado, dieciséis es el número de la calle dónde vivo… Dieciséis, iba pensando él. Dieciséis es uno de los números malditos de Lost, a los dieciséis perdí la virginidad…

ÉL llega puntual a la cita número dieciséis. ELLA está ya sentada en ese banco, no sabemos desde hace cuanto tiempo. ¿Te acuerdas que te dije que sólo quería ver el amanecer, que no quería nada más de nadie?, dice ella, vomitando ese nudo de palabras que tenía en la garganta. Respira. /Sí, dice él, me acuerdo./ Pues creo que quiero ver también el atardecer, ¿querrías también ver el atardecer conmigo?. /Por supuesto, ¿a qué se debe este cambio?, dice él algo contrariado. /Creo que me he enamorado de ti.

7:33. El Sol nace frente a ellos. Él sólo ve fuegos artificiales.

El Síndrome de Yuri Gagarin

martes, 12 de abril de 2011










Hace 50 años un hombre llegó al espacio lo vio y se volvió. Era el primero y se llamaba Yuri Gagarin. Durante todo el viaje estuvo en contacto con el control de tierra. Yuri usó el nombre Kedr, y a las 10:06 dijo esto:
Kedr: ¡Atención!. Veo el horizonte de la Tierra. Una aureola muy bonita lo rodea. Como un arcoiris que va desde la superficie de la Tierra y por debajo. Muy hermoso. Lo veo por la ventanilla derecha. Veo estrellas a través del Vzor y observo cómo se mueven las estrellas. Una vista realmente hermosa. Continúo el vuelo en la sombra de la Tierra. En la ventanilla de la derecha ahora veo una estrella. Se mueve de izquierda a la derecha por la ventanilla. Se fue la estrellita. Se fue, se fue.
Desde Yuri, cientos de personas han vuelto a subirse a las estrellas para contarnos qué veían. Gracias a ellos y a los que observan el cosmos desde la Tierra, hemos llegado a conocer miles de planetas, millones de estrellas y galaxias, nebulosas y hasta agujeros negros. Sabemos que no somos más que una uña en el cuerpo de un gigante, un gigante echo de luz que crece y avanza, aunque nosotros no notemos ni el más mínimo balanceo.  Todos intentamos dar respuestas a preguntas milenarias: ¿qué hacemos aquí?, ¿qué hay ahí fuera?.


Supongo que Yuri, al contemplar el espacio, se sentiría grande y pequeño a la vez, un poco alegre y un poco solo, un poco perdido y un poco más seguro. A este mundo de contradicciones astronómicas, de claroscuros estelares, es lo que he decidido llamar "
Síndrome de Yuri Gagarin", y siento que estoy muy enfermo. 

*NOTA: La transcripción de Gagarin proviene de: 
La Yuriesfera <http://www.yuriesfera.net/>

Robot inocente

miércoles, 9 de marzo de 2011

Yo no lo recordaba, pero resulta que hace unos meses se me calló el disco duro externo al suelo. Casi inmediatamente, empezó a sonar un ruido que a mí se me antojó como un quejido, como si llorara. Era un sonido como el que produce papel si lo acercas a un ventilador, no se.. un brrrr agudo e intermitente. Miré por unos instantes al aparato y lo cogí. Creo que sentí lástima. Entre risas, le pedí perdón, le dije que yo no quería tirarle, que había sido un accidente. Me acordé de que una vez se me escurrió de las manos el hámster de un amigo y me sentí fatal, porque el animal murió. Creo que no he matado al disco duro. No, no lo creo.



Tampoco creo que nadie se haya sorprendido por lo que digo. Al fin y al cabo ese disco duro guarda 500GB de memorias, de recuerdos míos. Guarda los videos de mis viajes, o más bien, los brutos de los viajes, porque soy de esas personas que graba y graba y no monta. Guarda todos mis trabajos de la universidad, mis fotos del Erasmus, las fotos de todos mis móviles antiguos, mis escritos. No se, es como para tenerle cariño y respeto. No digo que yo sea un ser excepcional (no quiero recalcarlo, vamos); algunas máquinas son de gran importancia en nuestras vidas.También es que yo soy muy de animar a los objetos, mis amigos lo saben. El otro día deleité a una compañera de clase haciendo un moonwalker con las gafas. Que se estropee la cafetera o el aspirador, no nos produce nada más que hastío, por tener que desembolsar de nuevo el dienero. Pero ¿el ordenador? ¿Alguien ha experimentado ese vacío tras perder la información de tu ordenador? Es como perder los mensajes del móvil, pero peor, mucho peor. 


Recuerdo que escribí todos los mensajes que nos enviamos mi primer novio y yo. Todos sin excepción, por si algún día se borraban, porque me daba terror de pensar no tenerlos, porque perderlos era como perderle a él. Es una cosa muy humana (porque yo soy así, humana, como Nati Abascal). Lo de mantener los recuerdos y lo de intentar que estos trasciendan en un entorno digital. Nos sentimos más seguros si escribimos todo en un papel porque pensamos que el papel no se destruye con tanta facilidad.
De alguna manera, las cosas que no recordamos, no han pasado.

No lo he arreglado aún. Se me olvida siempre porque soy algo perezoso y desordenado. Pero de cuando en cuando, miro allí donde él se encuentra, como para darle ánimos. Vamos, saldremos de esta. El otro día un twitero me decía que el ordenador tenía una parte muy sensible, a lo que yo le contesté que, algún día, el ordenador lloraría.