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Mientras tú hablas

miércoles, 20 de marzo de 2013


Gesticulas divertido mientras te miro atentamente.
Supongo que crees que te escucho,
pero realmente no me estoy enterando de nada.
Si me apuras, creo que hace rato que ya no te miro siquiera.
Mientras tú hablas, yo me pregunto por qué de repente
quiero casarme contigo si jamás he querido casarme.

Me pregunto si siempre tendrás el mismo pelo,
si siempre serás igual de cariñoso y
hablarás con la misma intensidad,
si querrás tener hijos conmigo.
Me pregunto si yo quiero tener hijos.

Me imagino enseñándote los lugares que conozco,
presentándome a mis padres,
comiendo las uvas en Nochevieja,
volviendo a casa una noche de fiesta
y abrazándome en un día triste.

Callas como esperando una respuesta
y no se qué decirte
porque si te cuento esto que estoy pensando
LO VAS A FLIPAR 
y me vas a echar de tu casa por loco.
Así que te beso.
Los besos casi siempre funcionan. 




Al menos flotamos

domingo, 20 de enero de 2013





Avanzo incansable, sin control,
como una tempestad que convierte en astillas a los barcos.
Desmembrados, tocados, abatidos,
los restos de las naves que cruzaban el Atlántico se preguntan cómo volver a ser,
si quiera algo.
Y se observan en silencio, maquinando,
trazando un plan para volver a ser un barco,
y no hacen muecas ni aspavientos ni nada.
Tan solo uno piensa en alto: 
bueno, por lo menos flotamos. 

Confesión por hartazgo

martes, 17 de julio de 2012


[trad]:


Siento que puedo cerrar los ojos cuando hablas. 

En parte porque no dices nada interesante, 


en parte porque repites esas cosas tan poco interesantes 

bastante a menudo.


Conducir, sin más

viernes, 15 de junio de 2012

Hace escasos minutillos me ha dado por pensar. Las horas previas a esta revelación he estado cotilleando vidas ajenas en el Facebook, he intentado hacer algún tuit gracioso sin fortuna y he retocado la imagen que abajo figura. 

Decía.

Pongamos que tu ilusión en la vida es ir a  San Petesburgo en este coche azul y gastado. San Petesburgo es el sitio dónde te imaginas. Emborracharte de vodka y brindar, conocer rusos y caerte a un canal. Eso es lo que quieres. Pero tienes dudas razonables de que Moscú, Bergen y Buenos Aires son los sitios donde, con relativa seguridad, puedes ser feliz.  En algún momento, puedes replantearte de nuevo las cosas, a pesar de que sabes que esto está mal visto, que la sociedad (y cuando dices  ‘la sociedad’ te incluyes) no tolera con ligereza las dudas ajenas, que está socialmente bien visto ser una persona muy segura de sí misma y que sepa adónde dirige sus pasos.

Digo yo, que no todo estará en el destino, en la meta. Sobre todo,  porque cuando llegue a San Petesburgo se me antojará ir a Nueva York. Por eso, es mejor disfrutar del viaje. Conducir. Sin más. 


Otro día más

sábado, 2 de junio de 2012



Abro los ojos.
Miro a mi alrededor confuso.
Pongo el pie en el suelo. Está frío.
Fijo la vista en un punto indeterminado del suelo que, poco a poco, resulta ser un calzoncillo.
Miro mi cara frente al espejo.     Esto es lo que hay. En otros espejos me veo más guapo. Bueno,   tampoco es su culpa, devuelve lo que hayblablabla...
Camino desnudo a la ducha. Vestido sería raro. Qué pereza.
[Él.] :)
Hago café y acerco la nariz. Inspiro.
Abro la ventana y miro el mundo. ¡Qué frío coño!
La ciudad espera. Otro día más.

Voy a taparte los ojos

sábado, 5 de noviembre de 2011



Un espacio ronco, abrupto.
(Una ilusión latente. escondida)
Un ala rota, una mañana alegre.
(Te llevo al mar) 
donde las cosas van y vuelven y permanecen. Donde puedes coger partículas finísimas de estrellas y organismos ya muertos y olvidados. Donde el tiempo puede escaparse entre tus dedos, como la felicidad o los animales asustados.  
Voy a taparte los ojos
para que no veas las cosas feas de este mundo.