Hace calor, ando medio en bolas, sudo y tengo pensamientos impuros (o súper puros, según como se mire). Esto podría ser parte de una conversación del Bear, pero no, es la constatación de un hecho. El verano hace que ande salido como un mono, y lo digo abiertamente porque creo que le pasa a todo el mundo y quien niegue esto es un mentiroso que debe arder en el infierno viendo como el resto de la humanidad folla por toda la eternidad. En todos los lugares se respira sexo, hormonas pululan por los conductos del aire acondicionado y viajan de mi piel a diversas pituitarias, elevando aun más si cabe la temperatura, y del mismo modo en el sentido contrario. Pues eso, como monos. Esto tiene como máximo apogeo el barrio de Chueca en estos días de Orgullo, y más concretamente en algún bar de Chueca, o en todos a la vez, que llegas y dices "huele a sexo". Es verano, chicos y chicas, y la gente quiere follar, quiere salir a la calle ligera de ropa y gritar al mundo: ¡¡¡Soy mucho más fácil de lo que parece, NO SOY INALCANZABLE!!!
En verano da un poco igual lo que te lleves a la cama, porque es verano y queda justificado, y también podemos beber, porque está totalmente justificado, si es preciso, un martes. Los chicos podemos salir con la camisa casi abierta a lo lolailo y decir a alguien todas las guarradas que queremos hacerle, porque, seguramente, no lo recordará, está permitido, y podemos arrimar cebolleta mucho más de lo normal (esto en el mundo gayer está casi siempre bien visto). Las chicas y Jared Leto podéis sudar como cerdas y que se os corra el rimel confiriéndoos de un aspecto de mapache enternecedor a la par que salvaje que no ahuyentará a nadie. Es verano y todo es posible. Es posible incluso, levantarte con algo al lado y golpearle con un despertador el cráneo hasta obtener una respuesta, porque en verano te puedes ir a la cama con seres que, de no ser porque te hablaron en algún momento de la noche, hubieras jurado que era un saltamontes a la mañana siguiente, porque la vida no te había dado claves para identificarle como ser humano. Es por eso que el verano es más idílico de lo que pensamos, porque no recordamos exactamente que pasó y tendemos a dulcificarlo.. Pero eso son gajes del verano. Por cierto, es la primera vez que escribo la palabra “gajes” y me parece una palabra horrible. Gajes, gajes… qué mierda de palabra. Y todo eso, que diría mi madre.