Una sombra se alarga y me congela los dedos.
Avanzas como una tormenta eléctrica hacia mí para salvarme.
Nubes de hierro y uranio, un monstruo saliva en la oscuridad.
Me rodeas con tus brazos de neón y me besas, catalizando esta reacción
que acabará engullendo mariposas, rascacielos y montañas.
La ciudad arde a lo lejos entre rayos y explosiones;
mis manos desgarran la pared y tu espalda.
Vamos a sentir el fin del mundo, explotando y ardiendo como lo hacen el resto de las cosas. Y volveremos. Una y otra vez.