Mi respiración se cortó abruptamente.
Un portazo, una patada.
Me tapé los ojos, una vez más. No quiero ver esto, pensé, no puedo. Inicié una maniobra con mi brazo que acabaría colgando el teléfono, pero ese momento nunca llegaba. Nuestra canción favorita no era ya la de un grupo indie finés; era un pitido telefónico infinito. Corrí por un túnel que resultó ser una trompeta, con sonidos oscuros y estridentes. Luego, percusiones. Hacia lo oscuro.
Tan tan, tan tan, tan tan, tan.
Claro que no se acaba el mundo. Uno puede vivir de por vida con una pierna menos. Puede incluso vivir sin ojos. Pensándolo bien, preferiría vivir sin ver antes que sin una pierna. Bueno, no lo sé. Estas cosas no las piensa uno con claridad si tiene todos sus órganos y sentidos intactos. Pero, ¿y sin corazón?. ¿Puede alguien vivir sin corazón?