Esto no es solo un coche a punto de ir a un desguace. Son vacaciones, son pinchazos, son muchas risas, es un ¡vamos que tú puedes! en la cuesta menos pronunciada de la Tierra. Es mi primer coche, el que me llevaba a la universidad, es el 'llevamos media hora para que arranques, ¿qué más quieres de mí?', el verano terrible, el invierno más terrible aun, el amor viajando con prisa, sin radio, sin poder bajar la ventana, con una batería semejante a la del One Touch Easy. Un rollo "Herbie a tope" pero en Vallecas. En fin, que hemos vivido mucho y muy bonito.
No me avergüenza decir que estoy triste por el coche porque ya dije una vez que estaba triste por un disco duro, y el principio básico de esta pena es la misma. Los recuerdos.
Yo no lo recordaba, pero resulta que hace unos meses se me calló el disco duro externo al suelo. Casi inmediatamente, empezó a sonar un ruido que a mí se me antojó como un quejido, como si llorara. Era un sonido como el que produce papel si lo acercas a un ventilador, no se.. un brrrr agudo e intermitente. Miré por unos instantes al aparato y lo cogí. Creo que sentí lástima. Entre risas, le pedí perdón, le dije que yo no quería tirarle, que había sido un accidente. Me acordé de que una vez se me escurrió de las manos el hámster de un amigo y me sentí fatal, porque el animal murió. Creo que no he matado al disco duro. No, no lo creo.
Tampoco creo que nadie se haya sorprendido por lo que digo. Al fin y al cabo ese disco duro guarda 500GB de memorias, de recuerdos míos. Guarda los videos de mis viajes, o más bien, los brutos de los viajes, porque soy de esas personas que graba y graba y no monta. Guarda todos mis trabajos de la universidad, mis fotos del Erasmus, las fotos de todos mis móviles antiguos, mis escritos. No se, es como para tenerle cariño y respeto. No digo que yo sea un ser excepcional (no quiero recalcarlo, vamos); algunas máquinas son de gran importancia en nuestras vidas.También es que yo soy muy de animar a los objetos, mis amigos lo saben. El otro día deleité a una compañera de clase haciendo un moonwalker con las gafas. Que se estropee la cafetera o el aspirador, no nos produce nada más que hastío, por tener que desembolsar de nuevo el dienero. Pero ¿el ordenador? ¿Alguien ha experimentado ese vacío tras perder la información de tu ordenador? Es como perder los mensajes del móvil, pero peor, mucho peor.
Recuerdo que escribí todos los mensajes que nos enviamos mi primer novio y yo. Todos sin excepción, por si algún día se borraban, porque me daba terror de pensar no tenerlos, porque perderlos era como perderle a él. Es una cosa muy humana (porque yo soy así, humana, como Nati Abascal). Lo de mantener los recuerdos y lo de intentar que estos trasciendan en un entorno digital. Nos sentimos más seguros si escribimos todo en un papel porque pensamos que el papel no se destruye con tanta facilidad.
De alguna manera, las cosas que no recordamos, no han pasado.
No lo he arreglado aún. Se me olvida siempre porque soy algo perezoso y desordenado. Pero de cuando en cuando, miro allí donde él se encuentra, como para darle ánimos. Vamos, saldremos de esta. El otro día un twitero me decía que el ordenador tenía una parte muy sensible, a lo que yo le contesté que, algún día, el ordenador lloraría.