JenniferHudson está bastante cabreada por el éxito de Adele en los Grammy 2012. “No
entiendo como a ella no le han hecho perder los mil kilos que le sobran”,
se me quejaba el otro día por whatsapp. Ahora se acuerda de lo mal que lo pasó
para adelgazar, de las tortitas de arroz inflado, de los gases que le da el
brócoli y de la disociación de alimentos. Se acuerda de la madre de Dukan.
¡Pero ella es gorda!, piensa Hudson con esa
elegancia tensa que tienen las ex gordas. ¿Por qué adelgacé?, repite sin cesar
en esa cabecita que ahora soporta un pelucón como un castillo para cantar en homenaje a la fallecida Withney Houston.
Adelgazó
como ya lo hicieron Kelly Osbourne,
Missy Elliot o Rosa López, por poner un ejemplo patrio, y solo la segunda
se ha mantenido fuerte en el mundo de la música. Rosa López se ha mantenido fuerte
literalmente, culturista. ¿Por salud?
Bueno, ninguna tenía obesidad mórbida, ni siquiera obesidad morbosa. Eran
chicas regordetas, sin más, de hueso
ancho que se dice. Ser gordito no quiere decir estar enfermo
necesariamente, lo que pasa es que pocas personas tienen la fuerza para no
sucumbir a las directrices del mercado, las discográficas y las modas. Otras,
como Mariah Carey o Janet Jackson se tiran toda la vida luchando contra los Big
Macs y acaban aliándose al PhotoShop: el amigo de las famosas.
¿Es
Adele una chica preciosa? ¿Es Jennifer Hudson una chica preciosa? Sí, las dos
lo son. En este despiadado mundo, ¿quién
triunfa?: ¿las que se adaptan a la moda y a los cánones de belleza o las
que le pegan la patada a estos y se ponen un donut por montera? ¿Perdería Adele
su encanto si perdiera 20 kilos para el siguiente disco? ¿La veremos
próximamente luciendo clavícula en alguna alfombra roja? ¿Harán intercambio de pelucas algún día?
Un, dos, tres: responda otra vez.

