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Big Bang, amor, pensar con la polla.

viernes, 15 de abril de 2011






No se en que contexto pensáis que se me ocurrió hacer este dibujo, pero os lo digo yo: estaba alterado, en el sentido primaveral de la palabra. Vamos, como una mona. En contra de lo que la gente piensa, en ese momento, la sangre no sólo fluye hacia un lado; yo cachondo tengo mis reflexiones, como quien las tiene mientras se sienta en el trono o saca al perro. Lo que pasa es que claro, no pienso en la curvatura del espacio/tiempo ni en el concepto de infinito, pienso en… otras cosas, un poco más perversas y lascivas, como todo hijo de vecino, y el otro día estaba pensando en lo mal visto que está pensar con la polla.

Si el cerebro lo tengo en la polla, quiere decir que la polla la tengo en la cabeza, que aparte de una imagen espantosa, es una cosa rarísima de asimilar, porque parece que refuerza exactamente eso que critica, o peor, lo mire por donde lo mire. Por tanto entiendo que se refieren al corazón. Quien dice que pensar en la polla es terrible, está diciendo entonces que es mejor sentir con el cerebro, racionalizar nuestras pasiones, y mira, no estoy de acuerdo. Creo que dejarse llevar por la pasión no puede ser malo, y siempre será mejor que racionalizar todos nuestros sentimientos.

El Big Bang, la explosión que creó el Universo, no tuvo lugar en un punto concreto, porque el Universo es infinito, así que tuvo lugar en todos los sitios a la vez. Así, el amor no está en un punto del cuerpo concreto, no está en la mente ni en el corazón ni en los genitales, está en todos los lados a la vez, y si no es así, es otra cosa.

El otro día le decía a mi mejor amigo que le tengo envidia, porque él vive las cosas con más pasión que yo, y el me decía que preferiría no vivirlas tan intensamente… Nunca llueve a gusto de todos.